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Mostrando entradas de julio, 2011

Uvero, Jovero, Miches...

No es mucho lo que se pueda decir de poder observar a tu hijo disfrutando libremente de la tierra que te vió nacer. El habla traiciona, al enmudecer las palabras. Allí cerca de la costa,bañado por las aguas del atlántico, entre cordillera y puro olor a campo verde, se vislumbra el pueblo de Miches. Parece sacado de un cuento de García Márquez. Su Iglesia frente a un mal llamado Mar con características propias de playa en plena calle principal. Su parque, sin muchas pretensiones pero cómplice de la historia de varias generaciones, sus calles perfectamente alineadas y sus casas de frentes bien cuidados con flores silvestres que alegran el atardecer. Ha cambiado mucho desde mis 8 años, sin embargo, el atardecer es el mismo y su cielo sigue siendo el protagonista por sus noches estrelladas. Fui privada de su historia, de su gente y sus hazañas. A no ser por mis padres, pocos de esta nueva generación sabrían de mi. De repente viendo a mi pequeño revolcarse deliberadamente en polvo y sal...