Me decidí a ir nueva vez. Estuve en el encuentro previo y esta vez sentí temor. Como el que ya fue y sabe lo que enfrentará y esperaran. Entonces no hay excusas para fallar. El día de la partida dejé todo atrás, salí sola sin despedirme. Descendí al primer piso con todo el equipaje, un taxi me esperaba bajo lluvia y apenas quedaban 20 minutos para llegar al punto de encuentro antes del destino final. No era la primera vez que el lugar de destino me esperaba, era un recorrido que acostumbraba a realizar toda mi vida. Lo diferente esa vez era la finalidad del viaje y los que me aguardaban al final del trayecto. En el punto de encuentro observé la guagua. Siempre me sucede, luego que la veo me tranquilizo y me preparo para tener un viaje tranquilo. Surge cierta conexión al sentirme que estoy en casa o por lo menos que casi llegare. Como es habitual en este tipo de recorridos, me aproximo a un asiento con la ventana disponible; es que siento cierta satisfacció...
¨No tiene sentido vivir sin intentar al menos hacer felices a los otros...aquellos cuya voz se queda escondida en el silencio¨ sp