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Mostrando entradas de 2011

Mi Juancho Elias.

No es difícil traspasar tu alma a través de tu alegría. Eres sencillamente tú, radiante al sonreír, al mirar con una ternura angelical. Tus ojos muestran la bondad de tu alma y no hay forma de escapar a tu encanto cuando lo abres enormes y brillantes buscando alegrar al que esta a tu lado. Sencillamente tú mi Juan Elias, con un corazón inmenso y alma pura, siempre dispuesto a cooperar, siempre atento, detallista, reflexivo, comprensivo y pícaro a la vez. Eres mi día feliz, mi momento favorito, mi aliento de vivir, eres mi hoy y mi mañana, las fuerzas de mi existencia, mi pedacito de luz. Jamás podría pedirle más a Dios que no fuera exclusivamente tu felicidad. Te amo mi Juancho Elias!

Uvero, Jovero, Miches...

No es mucho lo que se pueda decir de poder observar a tu hijo disfrutando libremente de la tierra que te vió nacer. El habla traiciona, al enmudecer las palabras. Allí cerca de la costa,bañado por las aguas del atlántico, entre cordillera y puro olor a campo verde, se vislumbra el pueblo de Miches. Parece sacado de un cuento de García Márquez. Su Iglesia frente a un mal llamado Mar con características propias de playa en plena calle principal. Su parque, sin muchas pretensiones pero cómplice de la historia de varias generaciones, sus calles perfectamente alineadas y sus casas de frentes bien cuidados con flores silvestres que alegran el atardecer. Ha cambiado mucho desde mis 8 años, sin embargo, el atardecer es el mismo y su cielo sigue siendo el protagonista por sus noches estrelladas. Fui privada de su historia, de su gente y sus hazañas. A no ser por mis padres, pocos de esta nueva generación sabrían de mi. De repente viendo a mi pequeño revolcarse deliberadamente en polvo y sal...

Caminando por fé

Aún cuando las hojas se secan y caen, queda el tronco firme para albergar nuevas esperanzas. Cuando las noches nos ahogan queda la ilusión del nuevo amanecer. Cuando el alma rompe a llorar, se avecinan vientos de resignación y de aceptación, de claridad espiritual y con ello nuevas fuerzas. Cuando las cosas van mal, queda la certeza de que no pueden ir peor, entonces toca levantarse, caminar y ser creativo al andar. Concentrarnos en nuestro yo, buscar el bien común sin perder nuestra propia tranquilidad, sin dejarnos matar el alma y con ello los sueños y el manantial de nuestras fuerzas. Queda caminar poniendo los ojos en Jesús y los pies en el corazón. Defender hasta el último momento,el pequeño sorbo de sonrisa para que de ahí se vuelvan a desprender carcajadas de nuevas alegrías acompañadas de un nuevo renacer.