Treinta y tantos años y parece que no ha pasado nada. Recien me doy cuenta que no soy la niña de antes con un cargamento de sueños como para elegir. El tiempo pasa factura a nuestro cuerpo y luce que el mundo se restringe y las posibilidades se agotan. Esa amplia sonrisa ahora se acomoda al mejor perfil, la piel tersa luce diferente y lo que parecía extraño no son mas que ciertas manchas tropicales en nuestro rostros, manchas que dibujan el caribe en nuestras miradas. Todo se torna extraño frene al espejo, justo llega un día en que te fijas, sin embargo, ha tomado tiempo el cambio, solo que no lo notamos. Empiezan las preguntas existenciales seguidas de días absorventes en un mundo interior que deja perplejos a los que nos rodean. Ya no son los mágicos 20 años donde todo se encuentra perfectamente ubicado y no hay temores a close up tecnológico, las fotos salen bien sin importar la toma. Luego del período invitable de aceptación a vivir con esta otra persona que asume de manera conju...
¨No tiene sentido vivir sin intentar al menos hacer felices a los otros...aquellos cuya voz se queda escondida en el silencio¨ sp