Dos frases recuerdo de mi abuela paterna. Ella fue enfática al decirme que no estaba de acuerdo con ningún tipo de opresión. La otra fue mirando al viento. Como si nadie la escuchara, entre sus dientes rumoreo: Dolor ajeno no quita sueño... Su repertorio era vasto, pero esas dos quedaron deambulando en mi cabeza como si las hubiera dicho para que nunca las olvidara. Hoy entre una cosa y tantas recordé esa última frase como una manera de reflexionar sobre la necesidad constante que tenemos de ser socorridos por un pie de amigo para poder sonreír. Esos amigos siempre estarán y debemos nosotros servir en el mismo sentido para otros, sin embargo, debemos reconocer que, con la ayuda de Dios, siempre se rá nuestra responsabilidad, buscar la manera de levantarnos a nosotros mismos y ser felices. Nuestra felicidad no esta sujeta a nadie, sino que probablemente dependerá de la reacción que causan nuestras acciones en los demás. ...
¨No tiene sentido vivir sin intentar al menos hacer felices a los otros...aquellos cuya voz se queda escondida en el silencio¨ sp