La solución a los problemas del pueblo deben emanar del mismo pueblo. Quizas Haití necesite ver su gente aportando y canalizando soluciones. Esa gente que se levanta del barro teñido de Sol, esa cuyos líderes se forjan de su mismo dolor. Entre tantas figuras de renombre y foros bien coordinados, no he visto al primer líder social invitado a expresar el sentir de la parte representativa de esa nación. Mientras, de esta lado de la Isla, estamos a punto de borrar los gritos de desesperación de aquel día. No es tan solo dar, tambien es necesario abrazar. En este caso abrazar sería darle mantenimiento a ese puerta de conexión que se abrió y que permitió que ambas naciones pudieran mirarse de frente sin temores y prejuicios coloniales. Es mantener abierta la comunicación, es ampliar el intercambio de información a todos los aspectos de la sociedad no solo relativo al siniestro. Es darnos a conocer más allá de lo que se conoce de la historia contada. Si en algo podemos seguir ayudando es prestando nuestra voz para que sigan siendo escuchados.
Admiro a quien ha fallado y sabe rectificar,a quien ha herido y se atreve a pedir perdón, al que cae y reune las fuerzas para levantarse, a quien contra todo pronóstico emprende un camino sin temor a devolverse. Reconozco un gran valor en quien no teme a equivocarse por expresar lo que piensa, siempre que lo haga respetando el derecho de los demás, a quien puede cambiar de opinión sin prejuicios, a quien ríe sin motivo aparente, al que escucha atento antes de hablar. Me encantan los que motivan, aquellos que no conocen la envidia, los que se entregan, los que no esperan sin tener que dejar de dar. Admiro a los auténticos , esos que su fuerza está en la simpleza de la humildad, a los que no siguen el resto, sino el fundamento de su felicidad.
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