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Lección de un mundial!

A pesar de que me encantan los deportes, el Soccer no es parte de mis predilecciones. Como cada cuatro años y quizás como todo buen dominicano que aprovecha cualquier momento para compartir entre amigos, disfruto al máximo la algarabía que representa esta competencia entre la población y que de alguna manera nos envuelve por dos meses.

Este año, y no es que le haya dado gran seguimiento a los anteriores, tuvo para mi especial connotación. Ya no se trataba de los jugadores famosos, de si Ronaldo o Roberto Carlos, no se trataba de Beckham o Ronaldinho, esta vez tuvo un significado muy especial y de alguna manera aleccionador.

Todo empezó por darle apoyo a un país menos favorecido y con ello, al final de la justa, haber ganado conocimiento sobre una nación alejada de mis coordenadas geográficas y mercadológicas para así, de alguna manera, apoyar a la misma mediante la difusión en mi entorno de su cultura, turismo, economía, etc.; una forma de poner en mi mapa un lugar que por cuestiones de distancias e intereses culturales se mantiene lejos de mi conocimiento.

Luego de lograr sentirme identificada con Costa Marfil y de dar apoyo moral a Ghana, este último a punto de pasar a las eliminatorias, pasé a leer un poco de historia del país anfitrión, Sudáfrica. De esa nación conocía su particularidad dentro del continente Africano, de contar con pobladores de raza blanca y de color, del origen de Charlize Theron, de Nelson Mandela y de que ahora eran cede de este gran evento. Para el final del campeonato, adicional a los momentos emocionantes del juego, gané dos naciones como patrias amigas y el ejemplo de un hombre que lejos de ser un Ser Supremo, como simple mortal, con errores que contar, creyó en un ideal y lo practicó aún en momentos en los que el poder pudo haberlo corrompido como usualmente sucede cuando nosotros, las personas, nos sentimos en la cima de lo que podríamos llamar meta.


Nelson Mandela, es un ejemplo de que esta tierra puede parir hombres capaces de modelar ideales y mantenerse así hasta el final de sus días. De que podemos apropiarnos del principio trazado por Dios y practicado por Jesús; de que el amor por nuestro prójimo debe ser tal que debemos asemejarlo a nosotros mismos. Amar al prójimo no es solo saber que están ahí y que merecen nuestra atención al menos una vez al mes. Es ir más allá. Es abrazar cuando nadie lo espera; son los abrazos que valen. Es darle tiempo a esos ancianos que dedicaron sus vidas a nuestra juventud, y que aún con sus pasos débiles y manos temblorosas lo continúan haciendo en sus oraciones incesantes, es detenernos a conversar con las personas que nos ayudan en las tareas domésticas, darle una hora a nuestros hijos , es mirar alrededor mientras vamos por las calles, sonreír ligeramente a algún niño o niña de la calle, a alguna persona, desvalida o no, que intenta proveerse de varias monedas , es tener el deseo de administrar correctamente lo que poseemos en honor a aquellos que no disponen de nada para alimentarse o descansar, es ser empáticos con los necesitados y buscar la manera de canalizar nuestras intenciones para hacer la diferencia en nuestro entorno.

Por alguna razón nuestro mundo se resume a nosotros mismos, olvidamos que fuimos hechos para amar, para darnos a los demás y hacer felices. Que somos un cuerpo compuesto por varios miembros, es decir, personas a nuestro alrededor, que sin esas personas fuéramos un mundo silente sin mucho que contar. Que somos lo que somos porque otros nos ayudan, otros que van desde asalariados hasta familiares y amigos. Que la verdadera felicidad está en la grandeza de nuestra alma y no en lo números de nuestras finanzas o amigos importantes de gran renombre. Que la grandeza del alma esta en la humildad del corazón y que la humildad debe practicarse para dejar de centrarnos en nuestro propio yo.

Descubramos las bendiciones que representa mirar a nuestro entorno y darnos a favor de los demás. No hay decepción que opaque al menos un corazón que sonría a la par con el nuestro, no hay frustración que apague la luz de una mirada llena de un amor que se desprende del fondo del alma.

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