Aún cuando las hojas se secan y caen, queda el tronco firme para albergar nuevas esperanzas.
Cuando las noches nos ahogan queda la ilusión del nuevo amanecer.
Cuando el alma rompe a llorar, se avecinan vientos de resignación y de aceptación,
de claridad espiritual y con ello nuevas fuerzas.
Cuando las cosas van mal, queda la certeza de que no pueden ir peor, entonces toca levantarse, caminar y ser creativo al andar.
Concentrarnos en nuestro yo, buscar el bien común sin perder nuestra propia tranquilidad, sin dejarnos matar el alma y con ello los sueños y el manantial de nuestras fuerzas.
Queda caminar poniendo los ojos en Jesús y los pies en el corazón. Defender hasta el último momento,el pequeño sorbo de sonrisa para que de ahí se vuelvan a desprender carcajadas de nuevas alegrías acompañadas de un nuevo renacer.
Cuando las noches nos ahogan queda la ilusión del nuevo amanecer.
Cuando el alma rompe a llorar, se avecinan vientos de resignación y de aceptación,
de claridad espiritual y con ello nuevas fuerzas.
Cuando las cosas van mal, queda la certeza de que no pueden ir peor, entonces toca levantarse, caminar y ser creativo al andar.
Concentrarnos en nuestro yo, buscar el bien común sin perder nuestra propia tranquilidad, sin dejarnos matar el alma y con ello los sueños y el manantial de nuestras fuerzas.
Queda caminar poniendo los ojos en Jesús y los pies en el corazón. Defender hasta el último momento,el pequeño sorbo de sonrisa para que de ahí se vuelvan a desprender carcajadas de nuevas alegrías acompañadas de un nuevo renacer.
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