Educar a los hijos y prepararlos para enfrentar la vida a través de correctas decisiones para consigo mismos y el prójimo no es tarea fácil. Constantemente se nos presentan situaciones que ponen a prueba nuestra capacidad de enseñarles, de tratar de crearles conciencia, sin tener que hacerlo a través del miedo y la represión. En uno de esos días cuando me tocó corregir una conducta de uno de mis pequeños, sentí impotencia. Dentro de mí, en fracciones de segundos, se presentaron miles de maneras para enseñarle e iban desde un NO SE HACE rotundo hasta una sencilla conversación apelando a la conciencia de ese pequeño ser que de seguro no lograría entender. En una acción de desesperación por encontrar la forma correcta, pensé en la biblia como libro de auto ayuda. Justamente en el devocional del día me topé con Marcos 12:31. Dios nos manda a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Eran las palabras precisas que necesitaba transmitir al niño, sin embargo, en un lapso corto de tiempo empecé a dudar sobre el alcance de las palabras en la mente del niño: Entenderá que debe soportar cualquier vejación? Se dejará llevar por presiones de grupo para quedar bien con el prójimo? Entonces empezó la palabra a redargüir mi interior. Que haría yo con estas palabras en su situación ?...
Amar al prójimo como a nosotros mismos implica un amor total hacia el otro. Un nivel de comprensión que no acepta excusas y que busca la manera de corregir sin menospreciar. Es ir al lugar del otro sin querer cambiarlo o ajustarlo a nosotros. Se trata de conocer la esencia del otro y eso nos mostrará su lado único y especial, ese que Dios puso en cada quien. Cada persona es depositaria de un talento, de un don , de una manera de actuar de la cual podemos aprender. En la reflexión me di cuenta que quería enseñarle al niño unas palabras muy profundas, que yo como su madre y punto de referencia inmediato no había analizado lo suficiente ni puesto en práctica todas las veces requeridas.
En Marcos 12, Dios nos enseña que en la vida del cristiano el amor no solo es para con Dios, quien es nuestro supremo creador y a quien le debemos el primero lugar, sino que el Padre siendo coherente con él mismo, extendió el mandamiento del amor al prójimo y nos invita a una vida sana con los que nos rodean. Probablemente sea una tarea difícil, pero nos toca ponernos a prueba y de seguro, con la sabiduría del Padre será posible salir a camino.
Con respecto al niño, toca empezar a enseñarle sobre él mismo, sobre lo que ama y disgusta, sobre cómo la corrección a determinada conducta no implica falta comprensión o aceptación. Finalmente, hacerle saber que eso que sentimos cuando nos tratan de manera justa, debemos de aplicarlo al prójimo cumpliendo el mandamiento del amor. De que amar al prójimo implica una tarea principal que es amarnos a nosotros mismos, y eso significa que jamás apoyaremos una conducta de un tercero que pueda hacernos daño y por ende a ellos mismos. No importa las presiones de grupo, decir NO es muestra de lo que no queremos para el otro y para nosotros mismos. Toca una gran tarea y de seguro no será cosa de un sólo día.
Sofia
Admiro a quien ha fallado y sabe rectificar,a quien ha herido y se atreve a pedir perdón, al que cae y reune las fuerzas para levantarse, a quien contra todo pronóstico emprende un camino sin temor a devolverse. Reconozco un gran valor en quien no teme a equivocarse por expresar lo que piensa, siempre que lo haga respetando el derecho de los demás, a quien puede cambiar de opinión sin prejuicios, a quien ríe sin motivo aparente, al que escucha atento antes de hablar. Me encantan los que motivan, aquellos que no conocen la envidia, los que se entregan, los que no esperan sin tener que dejar de dar. Admiro a los auténticos , esos que su fuerza está en la simpleza de la humildad, a los que no siguen el resto, sino el fundamento de su felicidad.
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