Me decidí a ir nueva vez. Estuve en el encuentro previo y esta vez sentí temor. Como el que ya fue y sabe lo que enfrentará y esperaran. Entonces no hay excusas para fallar.
El día de la partida dejé todo atrás, salí sola sin despedirme. Descendí al primer piso con todo el equipaje, un taxi me esperaba bajo lluvia y apenas quedaban 20 minutos para llegar al punto de encuentro antes del destino final. No era la primera vez que el lugar de destino me esperaba, era un recorrido que acostumbraba a realizar toda mi vida. Lo diferente esa vez era la finalidad del viaje y los que me aguardaban al final del trayecto.
En el punto de encuentro observé la guagua. Siempre me sucede, luego que la veo me tranquilizo y me preparo para tener un viaje tranquilo. Surge cierta conexión al sentirme que estoy en casa o por lo menos que casi llegare. Como es habitual en este tipo de recorridos, me aproximo a un asiento con la ventana disponible; es que siento cierta satisfacción en perderme entre puentes, entradas a pueblos, cañas y montañas. Aprovecho las paradas para oler el campo y ver su gente.
Hay algo único en la sonrisa de los niños que corren descalzos con brazos al aire. Las colitas que acomodan el pelo de la niñas brincan al compás del viento y los niños arrastran rápidamente sus chancletas o botas por todo el camino. No hay dudas de que allí radica la verdadera plenitud; en correr con el viento sin miedo a caer. Luego de un rato despierto de mi admiración y regreso al exterior, tres horas de camino y ya estaba en el pedacito de pueblo que me vio nacer.
A diferencia del transporte normal, la guagua contratada exclusivamente para nosotras fue directo al hotel. No se paseo por las calles dejando los pasajeros, tiempo que usualmente aprovecho para curiosar tratando de toparme con una mirada conocida de mi niñez. Esta vez no iba a casa de mis padres, tampoco haría mi parada habitual buscando a papi en el colmado de Sopla antes de llegar a casa. Ese día quienes nos esperaba era un equipo maravilloso de personas ansiosas por iniciar una de las jornadas - a mi entender - más espectaculares del pueblo de Miches. Además estarían Ellas, las protagonistas, las niñas, que entre tímidas y alborotadas nos alcanzarían al día siguiente para iniciar el campamento de verano Soy Niña Soy Importante, donde son las únicas invitadas de honor y donde toda nuestra atención es exclusiva para ellas.
El campamento está orientado a niñas de 9-12 años, cuyo fin es promover un espacio lúdico, seguro y educativo, donde se respeten sus derechos y éstas puedan ejercer su rol de ser niñas. Esa era mi segunda ocasión y dejaba en casa niños más inquietos y apegados a su mamá. Tenia miedo de eso que dejaba, pero sabia que algo allí me esperaba y no tenia absolutamente nada que ver conmigo, sino con todas esas niñas que acompañaríamos durante la última semana en el pueblo de Miches..
La segundas partes dicen que nunca fueron buenas, pero les aseguro que ésta, mi segunda parte, fue fantástica. Cuanto se crece al dar! Que maravilloso es sorprenderte al segundo día identificando a las niñas no obstante una muy mala memoria. El nivel de integración al tercer día es inexplicablemente hermoso y para cuarto y quinto día, cuando es tiempo de terminar, sientes que debes regresar. Que allí nos queda mucho amor por dar, pero sobre todo mucho, pero mucho por recibir. Voluntarias, líderes, talleristas, equipo técnico, las encargadas de la alimentación y limpieza junto con las niñas pasamos a ser una familia donde nada nos saca de concentración ni de esa sinergia que se forma al enfocarnos en un mismo proposito; ver a las pequeñas aprender, pero sobre todo sonreir.
Gracias a la Fundación Tropicalia, al voluntariado, talleristas, patrocinadores y donantes por tomar esas semanas y darle a las niñas de Miches un trato único y de total calidad. Por sembrar sueños y reforzar su identidad. Estoy segura que no tardaremos con encontrarnos una generación de chicas empoderadas con mayor conciencia de si misma, llegando a contribuir de manera directa al desarrollo social y a una mejor calidad de vida de su comunidad.
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