Bauger es un hombre de fútbol. Pionero en RD con su escuela infantil y ahora en la recién formada liga profesional con su equipo Bauger FC. Su figura es enérgica a pesar de los años. Le encanta dirigir a los niños en campeonatos pero sobre todo le apasiona enseñar. Puede estar entre dos competencias sin perder el hilo del juego en ambos lados. Defiende sus jugadores hasta de los padres, quienes tenemos estrictamente prohibido dirigir desde las gradas a los niños. Esa medida nos libera del rol controlador y figuras autoritarias, relegándonos a un no menos difícil papel como fanáticos de nuestros niños.
Bauger no tiene favoritos. Jamás te preguntará si estás al día en tus pagos o si tus botas corresponden a una marca especial. Para él poco importa si eres cercano a la familia o si compartes nacionalidad. No tomará en cuenta cuanto goles aportaste o la cantidad de veces que lo evitaste. Su único interés es que transpires tu camiseta mientras disfrutas de jugar al fútbol. Él enseña disciplina, compromiso y respeto por el equipo. Demanda que te involucres en el juego y conectes con tu equipo. Creo que esa es la clave entre un gran juego (ganado o no) y una goleada en contra. Esas últimas no le gustan.
Hoy pude presenciar al Bauger humano. Al que se le quiebra el pecho de ver un niño de bajos recursos disfrutando de estar en un campo de fútbol. Justo le pedía la palabra cuando me dijo en su estilo argentino "Ahora no". Inmediatamente se bajó y abrió un bulto tan rápido como pudo para sacar una camiseta de la escuela. Se la colgó al improvisado pequeño aguatero del equipo. Era un niño no mayor de 5 años que maroteaba sin importar el sol ni su rol en el campo. Tampoco tenía que ver que éramos visitante en su comunidad. Solo disfrutaba de brindar agua a todos los jugadores de la escuela. Luego de ajustarle la camiseta, Bauger le brindó un fuerte abrazo de afirmación que le dio nuevos bríos al pequeño para seguir en su labor. La persona responsable del evento atinó con orgullo a expresarle que ahora llevaba puesta una camiseta de Bauger. No pude captar el momento en fotos, no llevaba la cámara, menos celular. Ese día había decidido dejarlo todo para conectar en el juego y fue justo la lección que me llevé y que me hace escribir estos párrafos.
Educar nuestros niños no es tarea fácil, sobre todo en tiempos de información masiva y cambios de estructura social. Esperas que en una escuela deportiva tus niños aprendan las mejores técnicas de la disciplina, pero nos llevamos la sorpresa de que nuestros niños aprenden más que eso. Se forman como individuos que pertenecen a una comunidad. Se hacen tolerantes con sus amigos y con ellos mismos. Aprenden a disfrutar el trayecto sin enfocarse en resultados, pero sobre todo respetan, se respetan y aprenden a valorarse.
La vida da vuelcos y quizás mañana mi niño decida seguir o no practicando el fútbol. No obstante, quiero aprovechar y expresar lo bien que me sentí de saber que en Bauger tenemos no solo un maestro del fútbol, sino también un instructor de disciplina y buenos hábitos para la vida. Que los niños aprenden de inclusión y de valorar lo mucho o poco que tengan. Aprenden sobre ser parte y conectar con el entorno, de involucrarse sin importar afiliación o clase social.
Impulsar a nuestros niños a practicar una disciplina deportiva o actividad artístico- literaria le favorece en su desarollo socio-emocional y crea momentos únicos como familia. Vale la pena cada hora que nos cueste levantarnos temprano de mañana si eso complementará su formación como seres humanos y les regalará momentos eternos de felicidad.
SP
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